QQHH, los saludo con osculo de paz, les solicito dar a conocer este texto de un gran hombre y masón Venezolano quien  se encuentra en el Or:. Eterno desde hace 23 años y sus escritos masonicos son luz que nos iluminan.

De: ivillamizarv

MasoneriaPor el H. : Pedro Alciro Barbosa De la Torre

(Valle de Maracaibo, Enero de 2002)

Somos masones, creemos en la Masonería y deseamos su éxito; pero somos también estudiosos de la vida social y nos preocupan los signos de malestar que observamos actualmente en la Familia Masónica Venezolana, que según parece se asemejan bastante a los de la Masonería en otros países hispanoamericanos.

Desearíamos que la Masonería y los trabajos  de las Logias fuesen más prósperos;  que los Talleres demostraran más vitalidad; que los masones mostrásemos más mística francmasónica y nos preocupásemos por la Orden como lo hacemos por otras asociaciones. Preferiríamos que nuestra Orden, y no otras organizaciones fuera la protagonista principal de esas actividades que tanto ocupan hoy a los hombres, y que llamamos “desarrollo”,   “planificación social”,   “modernización”.

Hemos conversado con hermanos que concurren a las Tenidas por costumbre  y por amor a su Logia; pero, no saben por cuanto tiempo podrán hacerlo por ellos y por muchos otros que hace mucho que no concurren. Estos siempre tienen una  excusa o una explicación. Por lo general alegan las muchas cosas que deben atender, el trabajo, otras asociaciones, las diversiones, problemas conyugales. Lo cierto es que las Logias están solas y algunas veces las Tenidas no pueden realizarse por falta de quórum.  En el cuadro hay 30 o más miembros activos; pero no concurren 7 para hacer la sesión.

En una ciudad con más de 2.000.000 de habitantes donde hay Masonería desde hace 190 años, funcionan dos Talleres que no llegan a sumar 80 masones. Esta eso bien? Donde están los masones? Acaso de nada han servido los trabajos, ni las enseñanzas? Es que la Masonería ha dejado de interesar a sus propios miembros?

Cuantos masones están en sueño, alejados de las columnas? Nadie lo sabe. Nunca nadie se ha tomado interés por averiguarlo. Jamás se ha censado a los masones para saber cuántos estamos activos, ni cuantos en sueños.

Si algunos masones han dejado solas las Logias, tampoco son muchos los nuevos hombres que ingresan. Una Logia, que sepamos paso todo un año sin iniciar un nuevo Hermano. En otra, en el mismo periodo se inició uno.

Concurrimos con frecuencia a los trabajos y vemos allí masones, que año tras año han estado asistiendo para repetir siempre lo mismo; hacer lo de todas las semanas, conformados con la rutina desesperante, como si nos les preocupase lo diferente que esta la vida allá afuera, en eso que llamamos “ el mundo profano”.

Rutina, rutina, rutina. Cada Tenida lo mismo, cada semana igual; pero sin hacer mucho; Porque todo andaría bien si las Tenidas fuesen, cuando menos educativas o instructivas. Abrir la Tenida, leer el Trazado, pasar el saco que nunca trae una proposición, conceder la palabra, oír a un hermano que excusa a otro que no vino, recoger unos centavos para los necesitados y clausurar, ocupa 90 minutos, durante los cuales no se ha hecho nada Masónico. La gente se va. La próxima semana de vuelta a lo mismo. Si algo diferente ocurre, es que hay un hermano visitador que se animó a venir.

Así podemos estar años concurriendo a las Logias, donde nada cambia. Algunas veces no cambian ni las caras de los dignatarios.Mientras tanto, los pueblos de América Latina  se agitan en mil problemas que reclaman inmediata atención. Se ve, en la calle como la vida cambia, surgen nuevas asociaciones, con otras miras, otros objetivos, otros dirigentes. Hace mucho que la Masonería fue una organización importante. Aquellos tiempos parecen haber pasado para no volver. Ahora no se ve  como antes a los masones gobernando o educando el país. Tiempo ha en que la Masonería era una asociación poderosa, que protagonizaba el proceso de trasformación política, educativa y económica de nuestros países.

El Rotary Club, los Leones, el Opus Dei son ahora las organizaciones que aparecen con el poder que tenía la Masonería. La iglesia que tanto se preocupaba antes por nuestra Orden, ahora parece no tomarla en cuenta. Hasta hemos dejado de meter miedo.

Si examinamos el Tesoro de las Logias, lo hallamos escuálido. Nunca hay dinero para nada. Ahora las Logias no tienen bibliotecas. La decoración de algunas cámaras refleja gran pobreza. Las Logias son asociaciones subdesarrolladas y se impone preguntarnos: ¿No vamos a hacer nada? ¿Ni siquiera nos preguntaremos que es lo que sucede?

Es que la Masonería ya paso su época, y no sirve para el siglo XXI? Necesita la Masonería una reforma fundamental en sus bases, principios, objetivos y métodos? ¿Acaso el problema no es ese, sino que los masones no sabemos trabajar masónicamente en un mundo distinto, donde son notorios los grandes progresos de  los medios de comunicación, la informática, la electrónica, la aviación de reactores? ¿Puede la Masonería sin cambiar sus principios, recuperar en la sociedad humana su prestigio de institución señera de la instrucción, la liberación y el progreso?

¿Se puede hacer algo, que solo sea posible a nivel internacional, por acuerdo de alguna conferencia de Grandes Logias y Grandes Orientes? Acaso la solución deba lograrse a nivel regional como seria en  el ámbito de América Latina? ¿O hay algo que podría hacer una Gran Logia? Podría una Logia, con posibilidades de éxito, iniciar un proceso de revisión crítica capaz de arrojar suficientes elementos de juicio para hallar  una solución para este malestar?

¿Es esta acaso la preocupación de unos pocos, o tal vez es algo que inquieta a muchos?
Si los demás no se sienten preocupados, nosotros si  lo estamos. Casi nos atrevemos a decir que además de nosotros, muchos más también se interesan por saber dónde están las causas, cuales son y cómo resolver el problema.

Nuestra hipótesis de  trabajo nos lleva a pensar que no es en la Masonería donde está la causa del malestar, sino en la defectuosa formación masónica de sus miembros y, sobre todo, en la deficiente preparación de los dirigentes que no saben cómo conducir los trabajos fraternalmente en una era de cambios.
Desearíamos que estas líneas sirviesen para provocar debates en las Logias, donde generalmente los trabajos trascurren sin mayor interés por los asuntos de primordial interés para la Orden.

Sería de esperar que así se iniciase una verdadera revisión crítica de la Orden, donde los dilectantes forman montones; los discurseadores, pirámides inmensas; los conservadores y conformistas verdaderas legiones.

Las ideas que aquí se exponen son el producto del estudio. Todos pueden abrevar en las mismas fuentes, y en otras tanto o más eruditas. Y que cada quien escriba y diga su opinión. Esta es la nuestra.

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