Masoneria

El comportamiento dentro y fuera de Logia

En la Orden masónica existen documentos muy antiguos que constituyen la base del comportamiento de los miembros de la Fraternidad. The Old Charges —Los Antiguos Cargos o Deberes— promulgados por la Gran Logia de Inglaterra y escritos por James Anderson contienen, desde 1723, las bases generales de conducta del masón, tanto en lo religioso como en lo político y en su comportamiento dentro y fuera de la Logia, entre masones, entre presuntos masones y entre extraños que no sean masones. Los conocidos como “Antiguos Cargos” o “Antiguos Deberes” (Old Charges) están compuestos por el material que ha sobrevivido hasta nuestros días de alrededor de ciento veinte documentos manuscritos referidos a normas y reglamentos que gobernaban el Arte y la Ciencia de la construcción gremial entre los arquitectos de la Masonería Operativa, esto es, aquellos masones que nos dejaron las catedrales góticas, auténticos libros de espiritualidad en piedra.

El tema central de este trabajo esta relacionado con la discreción de los miembros de la Logia. En este sentido, es menester recordar que los iniciados hemos prestado solemne juramento, bajo palabra de honor, de guardar discreción de todo lo visto y aprendido en la Logia y de todo lo que se ve o pudiéramos llegar a ver en lo futuro. El documento de Anderson nos dice al respecto:

Conducta para cuando los hermanos se reúnen sin extraños, aunque no en una Logia constituida.

Cuando seáis presentados, tenéis que saludaros de forma educada diciéndoos Hermano y os daréis libremente mutuas instrucciones si lo consideráis conveniente sin ser vistos ni escuchados, sin abrumaros ni faltar al respeto que se debe a un hermano, aunque no sea masón. Y dado que todos los Masones son hermanos bajo el mismo nivel, la Masonería no quita ningún honor a nadie que le haya estado otorgado previamente, sino que más bien se le añade, especialmente si los ha merecido dentro de la Fraternidad que otorga honores a quien se los merece; así mismo, deben evitarse las malas maneras.[2]

Este precepto aborda el sentido de la educación y la caballerosidad que debe predominar entre los masones. El trato debe ser respetuoso y educado, sin bromas de mal gusto que puedan poner en entredicho el afecto y la fraternidad entre los miembros de la Logia. Entre nosotros, los burlistas y los guasones de mal gusto no son bien vistos, y su comportamiento suele introducir un clima de irreverencia que bien pude contribuir a enturbiar el ambiente de amistad y fraternidad entre los masones.

Conducta en presencia de EXTRAÑOS no masones.

Hablaréis y os conduciréis con precaución y circunspección, de manera que el extraño más atento no descubra o adivine nada que no convenga hacerle saber; alguna vez habréis de desviar una conversación y serviros de la prudencia por el honor de la venerable Fraternidad.

Es una pésima costumbre hablar de los asuntos masónicos fuera de la sesión de la Logia, es decir, al margen de los trabajos formales de la Logia. En cafés, bares y restaurantes, los masones debemos referirnos a los asuntos masónicos con extrema cautela, de modo que los extraños o profanos jamás se enteren de los asuntos propios de la Logia. La expresión “llueve” debe decirse con discreción cuando, hablando de asuntos masónicos, advirtamos que se aproximan extraños no masones.

Conducta en el HOGAR y entre el vecindario.

Habéis de actuar tal como conviene a un hombre sabio y de buenas costumbres; especialmente nadie de vuestra familia, amigos y vecinos, han de ser conocedores de todo aquello que hace referencia a la Logia; tenéis que conservar con sensatez vuestro propio honor y el de la antigua Fraternidad por motivos que no hace falta mencionar aquí. Al mismo tiempo, debéis conservar vuestra salud no quedándoos reunidos hasta demasiado tarde o pasar demasiadas horas lejos de casa una vez cerrados los trabajos de la Logia, evitando la tragonería y la embriaguez para no abandonar o perjudicar vuestras familias ni resultar incapacitados para vuestro trabajo.

La Logia es para los masones, y ni siquiera los amigos, e incluso nuestros familiares, deben enterarse de las cuestiones íntimas de la Logia, sus asuntos, rituales, ceremonias o secretos. Nuestras pláticas deben estar animadas de cautela y sigilo. Muchos masones suelen ser descuidados y dejan sus libros y liturgias a la curiosidad de hermanos carnales, primos, esposa o hijos. Muchas veces hasta la comadre o la servidora doméstica saben de las cuestiones de la Logia por la indiscreción de los masones.

Conducta hacia un hermano extranjero.

Tenéis que examinarlo de la mejor manera que la prudencia os indique con el fin de no ser engañados por un falso e ignorante pretendiente, al que rechazaréis con mofa y menosprecio y con cuidado de no comunicarle ningún detalle de ningún conocimiento.

Pero si encontráis que un hermano es auténtico y sincero, le tenéis que mostrar el respeto debido, y si se encuentra en una necesidad tenéis que auxiliarle, según vuestras capacidades, o indicarle como se le puede ayudar; tenéis que darle trabajo durante unos días o recomendarlo a quien pueda contratarle. Pero no tenéis obligación de ir más allá de lo que os permitan vuestras posibilidades, y más bien debéis preferir a un hermano pobre que sea hombre de bien y leal antes que otro pobre en las mismas circunstancias.

Nadie que no sea examinado en antigua y debida forma debe ser reconocido ni admitido como masón, así sea portador de papeles o credenciales. Cuando comprobamos que el pretendiente no es masón, debemos despreciarlo con escarnio y menosprecio porque él ha pretendido engañarnos. En las Logias corresponde al Guarda Templo la función de retejar a los extraños, y por eso este puesto debe ser siempre cubierto por un Maestro masón debidamente instruido en las formas de reconocimiento de los tres grados del Antiguo Gremio o Masonería Azul. En cambio, al hermano masón auténtico debemos prodigarle todo género de atenciones pero nunca más allá de lo que permitan nuestras posibilidades.

La Masonería se basa en el mutuo reconocimiento y también en el mérito recíproco, y siempre la bilateralidad será la marca esencial de nuestras relaciones en Logia. Quién da tiene derecho a recibir; nunca será bien visto entre nosotros aquél que solo llega a pedir y a exigir invocando la fraternidad de forma obligada sin corresponder ni a la Logia ni a los hermanos lo que viene a pretender. Respecto del secreto, debemos distinguirlo de la discreción o del sigilo. Tanto la discreción como el sigilo son una actitud interna y personal de conservar para nosotros lo que nos ha sido dado con esa consigna. Durante la Iniciación se nos preguntó: “Si para aseguraros de vuestra discreción os pidiéramos que nos revelarais algún secreto de alguno de vuestros allegados o amigos ¿consentiríais en hacerlo? Nos complace escuchar que el candidato responde que NO, porque eso nos asegura que sabrá conservar para sí lo que aquí le confiamos. En cambio, el SECRETO MASÓNICO alude a la naturaleza de las cosas, a las cosas en sí. El cahier del Aprendiz dice:

Es inviolable por su naturaleza, y se conserva hoy tan puro como cuando se encontraba en los templos de la India, de la Samotracia, del Egipto y de la Grecia. El que no estudia cada uno de nuestros grados, no comprende bien sus símbolos y explica su oculto significado, podrá vanagloriarse con los títulos pomposos de Maestro, hacer señas más o menos extravagantes y pronunciar palabras judío-bárbaro-helénicas, pero no será nada, ni sabrá nada que ignore cualquiera de mediana educación, mientras que el que los haya comprendido dominará con su secreto los hombres y las cosas.

[2] Tomado del Libro de las Constituciones de 1723, promulgado por la Gran Logia de Inglaterra y redactado por James Anderson por mandato del Gran Maestro George Payne.
[3] Cahier del Grado de Aprendiz, Gran Logia Unida Mexicana de Veracruz, p. 73.

https://demolay.wordpress.com/2009/08/

Fuente



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