A principios del mes de abril de 2017 transitó hacia el Oriente Eterno el Muy Querido Hermano Joan Garcia Grau, tercer Gran Maestre que fue de la Gran Logia Simbólica Española (entre 1993 y 1997). Fue un abogado muy activo en la defensa de los derechos humanos, un exiliado que trabajó por la conservación de la cultura catalana en Uruguay y un militante de izquierdas en ese país del cono sur latinoamericano.

Joan Garcia Grau se hizo cargo de la primera dignidad de la GLSE en un momento de expansión de la obediencia, justo después de la brillante definición en un estilo de hacer las cosas que le imprimió Roger Leveder. Hombre moderado y de pocas palabras, Garcia Grau se distinguió por ofrecer un perfil discreto que beneficiaba la conciliación, precisamente porque el Gran Maestre era excelente en la resolución de conflictos y la generación de consensos. Esa discreción podía ocultar su enorme energía: en Uruguay estuvo vinculado a la revista Marcha y al entorno del movimiento de los Tupamaros, precisamente la formación política revolucionaria de la que surgió el actualmente loado presidente José Múgica.

Garcia Grau regresó del exilio encuadrado en el sector progresista y filosocialista de Esquerra Republicana de Catalunya liderado por Josep Andreu i Abelló, que más tarde se integraría en el Partit dels Socialistes de Catalunya. Se dedicó a la gestión cultural y a la consecución de apoyos para diversas empresas culturales catalanas y destacó por su capacidad de hallar salidas progresistas a situaciones difíciles en este campo generadas por la torpeza de los sectores más derechistas del catalanismo conservador. Fue gerente de la revista juvenil Oriflama, que en 1970 y en pleno franquismo ponía cada mes en todos los quioscos de Cataluña una publicación escrita íntegramente en catalán con reportajes sobre movimiento obrero y popular, procesos revolucionarios en el tercer mundo, contracultura y subculturas juveniles, nuevas tendencias artísticas y culturales, memoria histórica de Cataluña y estado actual de la cultura y el pensamiento en esa nacionalidad. Allí Joan coincidió con periodistas muy activos en el movimiento democrático de su profesión y el antifranquismo militante, que le pusieron en contacto con los sectores más activos de la resistencia, lo que le condujo a las filas del socialismo democrático organizado.

Ya en democracia, Joan Garcia Grau compaginó su carrera masónica con el ejercicio de la abogacía en su bufete particular y la presidencia de la Asociación Catalana para la Defensa de los Derechos Humanos. Sus hermanos gozaron del privilegio de trabajar al lado de una persona de una categoría humana extraordinaria, que se ha ido con la misma discreción que caracterizó toda su vida.

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